Mudo durante meses, desde los tejados vuelve a hablar. Sin exigencias, sólo para compartir experiencias contigo. Quizá porque, como escribió Lawrence Durrell "qué lejano viaje podemos desear a los amigos, para mimar su ausencia con nuestro recuerdo" Y ese despertar sucede en Princeton, en primavera, esa estación del año " tan cursi hija que no hay por donde cogerte......pero a pesar de todo te defiendo" (Gloria Fuertes)
Basta de flores dirás. Sí, por ahora. Aquí una imagen habitual estos días es ver a todos plantar, limpiar, arreglar jardines o decorar el alféizar de una ventana. Cuando paseo y veo tal explosión de vida, recuerdo la infancia. Te voy a contar dos experiencias con niños como protagonistas.
Su nombre es Marel, tiene 7 años. Con el permiso de su padre, Mahonrry, puedo decirte que es magistral tocando la guitarra y el banjo, aunque lo más importante está dentro de su cabeza. Le apasiona la lectura, pero Marel, espera unos años, como te aconsejó tu padre, para leer "Las uvas de la ira". Le encanta preguntar, se aburre en algunas clases de la escuela. No me extraña. Tiene una banda y cuándo le pregunté la edad de sus colegas, su respuesta fue: entre 50 y 60 años. Antes de escucharle con su banda, le dedico "In the sky" de uno de sus guitarristas favoritos, Mark Knopfler.
La niña de la segunda historia se llama Alia, vive en un pequeño pueblo de Kenya y es la protagonista indiscutible de la película "Eye in the Sky". Es feliz estudiando matemáticas con su padre, a escondidas. Como también juega en el patio de su casa al hula-hop, sin que nadie le vea, excepto sus padres. Después, va a vender el pan que hornea su madre. En los créditos verás nombres como Helen Mirren, Alan Rickman, pero el núcleo es ella, la pequeña Alia. Va por ti, Ignacio.
Princeton da para mucho más. Además de estar y conocer a nuevos amigos, meter la nariz en la universidad y la vida política, ir a clases de inglés, bailar en DEspaña con música en directo, de la bailable quiero decir, New York está al lado y se puede pasar allí el día. Ver y escuchar, por ejemplo, Otello, en el MET. Un privilegio. Recorrer veinte manzanas hasta llegar al consulado de España para hacer los papeles y poder votar, cruzo los dedos; y luego perderte por sus calles, bajo la lluvia y el frío, absorbiendo la enorme energía que transmite la ciudad. Disfrutar de la exposición sobre Edgar Degas, en el MoMa; magnífica, rompedora.
Con otra perspectiva de Degas en la retina, bajas una escalera y sales al jardín. Es primavera.
Y la foto que me sugirió Lotti, mi cómplice en muchas escapadas, aventuras y buenos momentos.




































































