sábado, 18 de junio de 2011

EL TIEMPO DE LOS REGALOS I

        Me hubiera gustado recorrer a pie la distancia desde Londres hasta Estambul, como hizo Patrick Leigh Fermor en 1933 y nos lo contó, años después, en unos deliciosos libros, sin eludir el ascenso del nazismo, cuyo primer título he copiado. Lo hago porque vivo un tiempo de regalos y en homenaje a Sir Patrick, quien debe andar desde hace unos días recorriendo el firmamento. No han sido tantísimos kilómetros, pero si unos cuantos.

           Ya está exagerando, dirás. Pues no, patearse New York es todo un reto que sólo produce satisfacciones.


         Da igual que llueva, la niebla cubra los edificios o haga un calor húmedo, empapándote como si "recién" acabaras de salir de la ducha.

   
        Lo mejor, entonces, es ir a la Hispanic Society of America para recrearte primero en la fachada y el patio.


        Luego puedes zambullirte en los aires mediterráneos de Sorolla. Es curioso, no pude ver la exposición en el Prado, ya no había entradas, y he tenido que venir hasta aquí para refrescarme con su pintura.


          Tesoros por todos los rincones. Obras de El Greco, Velázquez, el retrato de la Duquesa de Alba"vestida", de Goya.

     
         Todo ello en "un marco incomparable", una frase que los periodistas intentamos no decir nunca, pero mira, hoy me apetece soltarla.

    Ahora sugiero que te imbuyas en el ambiente neoyorkino sólo con un click.
    
     

         Otro día sales a la calle temprano, hay que aprovechar cada minuto, y te encuentras a unos concentrados jugadores de ajedrez junto al Hudson, en New Jersey, enfrente de la Gran Manzana. Ni se dan cuenta de que una impertinente fotógrafa se ha quedado colgada de su imagen.


              Justo al lado, siguiendo las recomendaciones de Michelle Obama, un grupo de jóvenes hace gimnasia a ritmo de salsa bajo la batuta de un monitor que les dice: " hay que sincronizarse". El premio, concedido por mi, se lo lleva ésta pareja.

  
          Todas éstas escenas se desarrollan frente a una escultura que te recuerda la terrible crueldad de la que es capaz el ser humano.

      
        La ciudad de los contrastes éticos y estéticos. 

 

              Porque al cabo de un rato, paseando por la 5ª Avenida ves un barullo de gente frente a un escaparate de una tienda carísima e, intrigada, te acercas a ver qué venden, qué sucede.


                 

    Continuará................

3 comentarios:

charoj dijo...

Te ha quedado bordadito de vainica...espiritu de poeta?

Santiago Saiz de Apellániz dijo...

El sabor de Nueva York,,,, gracias por recordárnoslo!!!!

borja martinez dijo...

Rocky!